Muere a los 84 años Arturo Pomar, el niño prodigio del ajedrez español
Siete veces campeón nacional, el
régimen franquista lo utilizó como propaganda pero luego no le ayudó
ABC deportes.
El gran maestro Arturo Pomar Salamanca, niño prodigio
eterno y leyenda del ajedrez español, ha fallecido en Barcelona a los 84 años.
La noticia la daba en Twitter el presidente de la Federación Española de
Ajedrez, Javier Ochoa.
Nacido en Palma de Mallorca el 1 de septiembre de 1931 y conocido durante
décadas como Arturito Pomar, ganó su primer campeonato de España antes de
cumplir 15 años, título que lograría en otras seis ocasiones. En 1962 alcanzó
la categoría de gran maestro, el más alto que concede la Federación
Internacional.
El joven prodigio fue a vivir a Madrid en 1944 y estudió en el colegio de
Areneros, regentado por los jesuitas. Con 12 años, Pomar se hizo célebre al
hacer tablas en el torneo internacional de Gijón con el campeón del mundo Alexander
Alekhine, quien alabó su forma de juego. Otro grande, Alexander
Kotov, dijo de él una frase muy citada: «Si hubiera nacido en la Unión
Soviética, sería aspirante al título mundial».
En enero de 1946, Arturito Pomar viajó a Londres para participar en el
torneo internacional organizado por el «Sunday Chronicle», según informa Efe,
en el que también intervino Antonio Medina, otro de nuestros
grandes campeones. Su brillante actuación tuvo gran repercusión en la prensa
española.
En esa época, Pomar ya estaba más que habituado a dar sesiones de
simultáneas, que despertaban gran admiración. Tanto talento no pasó inadvertido
y pronto empezó a ser utilizado por el régimen. Franco llegó a
recibirlo en su residencia de El Pardo, mientras que la prensa, la
radio y sobre todo el No-Do lo convirtieron en una estrella precoz.
El 9 de julio de 1946 logró en Santander el primero de sus siete
títulos de campeón nacional, con 11 puntos, medio más que Medina, su
más directo rival en aquellos años. Solo Miguel Illescas supera sus siete
títulos nacionales. En torneos internacionales, destaca su medalla de bronce en
la Olimpiada de Leipzig (1960), una de las doce en las que participó, y su
triunfo en el Abierto de Estados Unidos en 1953.
Con los años, sin embargo, fue perdiendo relevancia y abandonado por los mismos
que lo utilizaron. Como funcionario de Correos, tenía que
pedir excedencias sin sueldo para asistir a los torneos internacionales, a los
que asistía sin ayuda económica ni técnica. Por todo ello, nunca entrenó lo
necesario. En una entrevista de 1951 declaró que se tomaba el ajedrez «con
suficiente moderación». Como muestra de su amateurismo, aseguraba que la
alimentación tenía que ser «fuerte». «Los botes de leche condensada me sientan
bien», añadió. Pese a todo, jugó partidas de gran nivel, ganó a algunos de los
mejores y logró unas tablas contra Bobby Fischer en Estocolmo.
Agotado por los continuos viajes, partidas y exhibiciones, empezó a sufrir una enfermedad
degenerativa, con pérdidas de memoria y confusión.
Su mejor clasificación data de 1967, cuando apareció en la lista de la FIDE
en el puesto 40 del mundo. Se retiró de la competición en
1977. Fue autor de tres libros de ajedrez: «Temas de ajedrez» (1956), «Las
pequeñas ventajas en el final» (1958) y «El arte de ver la ventaja» (1968).
Sobre su vida apareció en 2009 el libro «Arturo Pomar: una vida dedicada al
ajedrez», escrito por Antonio López Manzano y Joan
Segura Vila. Enviudó en 2001 de Carmen Pérez, con la que se había
casado en 1958 y tuvo siete hijos.